Página 100

Viento que no respira pero que trae aquel olor a libro viejo y a libro recién parido que no llora. Recuerdos de mí siendo niña jugando en el taller de encuadernación de mi padre, ojos verdes brillantes mirando aquellas letras estampadas en “oro de ricos”, como me gustaba decir. Mientras, ponía mi cara redonda sobre el libro recién estampado para sentir su calor buscando el latido. Me entretenía quitando con mi dedito mojado en saliva, el sobrante de oro del centro de las letras estampadas. Era divertido a escondidas dibujar sonrisas en la página 100, y así darle un premio a su dueño cuando llegara a ese momento. Corretear entre montañas de libros, de muchos colores, mientras la voz de mi padre como si se tratara de la lectura de una partitura, sonaba advirtiéndome al ritmo del martillo que domaba a un lomo castigándole a ser redondo. Letras de cobre de muchos tamaños, que me enseñaron a leer antes que mis compañeros formando palabras sacándolas de sus casitas, y haciendo familias que tenían hijitos más pequeños. Deslumbrada por aquellos tomos antiguos y ese olor a engrudo, piel, papeles de aguas cuyos dibujos laberínticos me llevaban a inventar mil formas e imaginar figuras como cuando lo hacemos con las nubes. Nubes que mueve el viento y me trae aquel olor a libro viejo y a libro recién parido.

Marisa Sánchez

 

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Libre de pecado

Te quedaste sin piedras,

tirabas siempre la primera.

Me gustabas más antes,

con tus pecados

y cuando teníamos los dos

nuestros sacos llenos.

Marisa Sánchez 

Absurdismo

Tendimos sábanas secas

para ver si las tontas lloraban.

Mientras,

mirábamos como los árboles se movían,

parecía que se iban a caer de la cama.

Marisa Sánchez

Repetimos 

Repetimos esquinas

que se giraban solas,

risas corrigiendo silencios,

saltos a piedras

ya tropezadas,

sueños insomnes

mojando café.

Repetimos mentiras,

de mentiras repetidas.

Repetimos sí,

pero ya ninguno con el otro.

Marisa Sánchez 

Zinc caliente 

Gata con tacón alto,

no se quema

sobre tejados de zinc.

Marisa Sánchez.

El amor también se come

-Huele bien… ¿Qué cocinas?, hace unos días que quería hablarte, noto como si algo entre nosotros hubiese muerto.
-No te preocupes, precisamente ahora cocinaba nuestras mariposas… pronto las metereremos otra vez en el estómago.

Marisa Sánchez 

Oncenas

Mil oncenas de veces

canté “ya no más”,

y aquella triste canción 

se convirtió en mentira,

recuerdos con dientes

que comen por dentro,

soy tu rico festín…

Esta vez no soltaré el veneno.

Marisa Sánchez