Corazón roto

Platos rotos, tazas rotas, planes rotos…

Ropa rota desgarrda de rabia,

cuando lo que quería era que me la rompieras tú…

corazón roto.

Marisa Sánchez.

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Ilustración de Conrad Roset

Único Tú

Resucito al inspirarme en ti

sintiéndome viva por pensarte

y viva para que me pienses.

Aunque me sienta ciega, en ti veo luz

traspasas mi frontera inundándome de fuerza,

a cambio te pago con mi alma y la vuelves tuya.

Ahora eres el único habitante de mi mundo

entra y cierra con llave.

 

Marisa Sánchez.

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Ilustración de Conrad Roset

Tuya

Lloro con tinta lo que no paro de llorar…

con cebollas que no corto.

Nuestros planes siempre truncados por inseguridades, palabras mal entendidas, suposiciones mal supuestas, acertijos sin acierto, ojos ciegos que no ven que esto es sincero por venir apaleados de otras vidas.

 

Por abismos que no cruzamos,

puentes sin tablas por los que pasaría si supiera que me esperas al otro lado.

 

Tengo miedo, lo sé, y necesito ver tu mano,

como un pequeño que empieza a andar y sentir que cuando llegue me estarán esperando tus brazos,

y así secar esos ríos que tienen nombre de Orgullo.

 

Y mientras…

deseas pero no llamas

y yo pensando que de mí no tienes ganas.

 

Puertas que dices que cierre

pero imposible, arranqué las bisagras,

para tenerlas siempre abiertas… rezar que entraras

y nos dieran los rayos de sol de mil millones de mañanas.

 

Suplico a todas las noches el dormir contigo,

ahora vacías sin ti

ahora vacías de nada.

Vacía tocada de muerte,

y yo sin planear quererte

te quiero con toda mi alma.

Marisa Sánchez.

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Ilustración de Conrad Roset

Víctima de mi propio veneno

Y los papeles se cambiaron,

creaste personajes opuestos,

cóncavo y convexo, blanco y negro

frontera natural para separarte de mí.

Víctima y verdugo.

Yo que deseaba cada minuto tu piel,

cada segundo tu boca, dual de besos y rocas.

Ven, no te vayas, quiéreme, vuelve…

frente a más de un adiós, no contesto tus mensajes, ni llamadas ni

lágrimas que sabías que de mis ojos llenaba.

Abrí todas mis puertas, siempre esperando tus señales,

contradictorias incolonizables.

Días sin dar motivos de vida, y yo sin poderte hablar…

Tu ley del silencio me lo impedía

y aun así te esperaba para recoger las migajas que quisieras

tirarme.

Pero sí, eres víctima…

y aún así te sigo tendiendo mis brazos.

Porque fui verdugo de mis sentimientos

fui verdugo de mi vida que engañé con falsas ideas todas mentira,

y ahora… aquí tirada en la cama

en cuarentena de mi propio veneno,

escribiendo…

aunque de ésto sé que no leerás nada

seguirás siendo mi vida,

éste hoy y todos los días.

 

Para ti, por ti… Para y por los dos.

Marisa Sánchez.

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Ilustración de Conrad Roset

Robarnos la vida a besos

Escurrimos tantas veces nuestra historia…
que ya casi no caían lágrimas.
Quisimos olvidar esas ganas de abrazarnos,
de robarnos la vida a besos
pero ¿Cómo?
Si no había nada mas ardiente que nuestros labios consolándose
que te llaman a gritos,
se mueven escribiendo tu nombre en el aire
Mordiéndose como tú los mordías,
Rogando en silencio tu vuelta
Y tú…
no te das cuenta.

Marisa Sánchez.

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